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26/01/2019

¿Escuchaste nombrar las ‘Islas Diomedes’?

Islas Diomedes

El Estado de Alaska, uno de los territorios más alejados de los Estados Unidos, solía pertenecer al imperio ruso, no obstante, bajo el régimen del zar Alejandro II, se cedió el control territorial de la región a cambio de un cheque por 7.2 millones de dólares. No te miento cuando digo que el pago se realizó con un cheque, de hecho, se trata de un documento histórico que aún se conserva.

 

Las Islas Diomedes están justo en el medio del territorio que conforma la provincia de Siberia y el Estado de Alaska y representan la única frontera “terrestre” que comparten los Estados Unidos y la actual Federación Rusa. Si bien es casi imposible acceder a este punto tan remoto del mundo, te voy a contar todo lo que necesitas saber, en caso tal de que estés considerando aventurarte.

 

Antes: atención con los documentos

 

Si ya compraste tu ropa de invierno y estás preparado para conocer a los verdaderos esquimales, todo lo que hace falta es prepararte físicamente para una expedición muy demandante y asegurarte de que tienes la fortuna de contar con un pasaporte con exención de visado, en cuyo caso sólo deberás llenar el formulario ESTA, y esperar a que tu solicitud sea revisada. Si el algoritmo encargado de este trabajo no encuentra nada irregular en tu documentación, tu Visa ESTA será enviada a tu correo electrónico, en caso contrario, serás remitido a una segunda instancia.

 

La Visa ESTA es apenas una autorización de viaje que te permitirá abordar un transporte con destino a los Estados Unidos, es decir, es el documento que deberás presentar en el counter a la hora de subir al avión, sin embargo, una vez te encuentres en territorio norteamericano, todo dependerá de la decisión que el oficial de migraciones tome una vez revise tus documentos. No obstante, el 99% de los portadores de una ESTA visa, ingresa sin contrariedades en territorio norteamericano.

 

Todo lo que hay que saber sobre las Islas Diomedes

 

1) No es fácil llegar: No hay un sistema de transporte continuo desde el continente hacia las Islas, de hecho, la forma más común de aprovisionar a la población local es a través de helicópteros que viajan de manera irregular entre Alaska y las islas. Conseguir un lugar en uno de estos aparatos puede ser costoso, sin embargo, si perseveras es probable que lo logres.

 

2) No hay mucho que hacer: La isla norteamericana cuenta con una población local de no más de 150 habitantes y como te imaginarás, el entretenimiento y los hoteles no son una prioridad para la comunidad esquimal de los “iŋaliq iñupiaq”. Más vale que planees tu expedición con mucho cuidado o podrías encontrarte varado en medio de la nada.  

 

3) Puedes cruzar a Rusia caminando: Aunque estarías infringiendo más de una ley, debido a la ausencia de aduanas, durante el invierno el estrecho de Bering de congela y físicamente es posible caminar no sólo entre las dos islas, una bajo el dominio estadounidense y la otra bajo el dominio ruso, sino incluso ir más allá e internarse en Siberia. No obstante, no es una idea recomendable bajo ninguna perspectiva.

 

4) El tiempo se comporta de una manera extraña en las islas: Entre la Diomedes mayor y la menor existe una diferencia horaria de 24 horas, es decir, en este punto del planeta se marca la línea internacional del cambio de fecha, por lo cual, al menos sobre el papel, es posible dar saltos temporales virtuales hacia el futuro o hacia el pasado.

 

Se trata en definitiva de un destino solo para los viajeros más audaces, si estás considerando remotamente la idea de adentrarte en uno de los puntos más remotos de la geografía norteamericana, no solo bastará con que tengas tu pasaporte en orden, es mejor que te asesores bien sobre las condiciones climáticas que te recibirán y sobre lo que podrías necesitar para sobrevivir.

Mantén siempre en mente la idea de contratar un seguro de viajes y asegúrate de ir en compañía de profesionales que conozcan la región, como podrás imaginarte no es el destino más popular del mundo y no muchos querrían arriesgar su vida para llegar allí.